¡CRIANZA, CRIANZA, CRIANZA!… ¿Qué nos pasa?

ttopeteCasos, Comunicación Familiar, ReflexiónLeave a Comment

Los despidos laborales no son esperados por las personas, menos deseados, en general; sin embargo, en los últimos 10 meses, he festejado en medio de las angustiantes contradicciones, el cese de la nómina a dos mujeres madres de familia con hijos pequeños. Y no lo tomen a burla, ni a envidia u oportunismo de mi parte, realmente un fenómeno así lleva a otros escenarios que no se habrían buscado voluntariamente, pero sucede y los niños son los “ganones” sin esperarlo, pero silenciosa o subconscientemente deseado, por simple naturaleza humana.

Y bien, las madres mencionadas, jóvenes, inmersas en este vértigo de modernidad, donde la maternidad se relega para dar paso a esa necesidad muchas veces inexistente, de “tener que trabajar porque no nos alcanza el dinero” o por la necesidad prefabricada de “desear ser una ejecutiva exitosa”, olvidando ser antes que nada una madre de éxitos con su crianza a los hijos, y no una competencia laboral que no asegura nada, ni en las organizaciones públicas ni privadas.

En alguna ocasión alguien me comentó: “las guarderías son buenas, ya hay con cámaras que conectadas a mi computadora, puedo ver qué están haciendo mis hijos…”, ¡Up´s! respondí “Entonces ¿te pasas todo el día pegada al monitor… y el trabajo qué…” punto de observación que invita a la reflexión con varias aristas, creo.

Alguien me comentó que yo era una exagerada y un tanto chapada a la antigua, porque desconocía las grandes ventajas de ver a los hijos aprendiendo rápidamente muchas cosas en la escuelita desde maternal. Y yo pensé: ¿Exagerada respecto a qué…? Me encargué de la crianza de mi hijo en forma personal, y ha sido una persona proactiva en buscar y encontrar lo que le da bienestar personal y profesionalmente… Si eso es estar chapada a la antigua: vuelvo a pagar la cuota encargándome de la crianza personificada a mis retoños. Otros dicen que aprenden mucho en manos de terceros, y yo insisto “nunca será más que cuando una madre atiende y se ocupa de esos aprendizajes por convicción”. Lo otro, eso de mostrar sus saberes, es tal vez la necesidad de los niños por lucir sus aprendizajes para ser tomados en cuenta, y a ver si ya no los abandonan más en manos de terceros… quizás.

Hoy sé, que esas madres jóvenes que fueron “renunciadas” de sus trabajos a los que se afanaban—como se afana un náufrago a una balsa a mitad de una mar inestable—que la convivencia forzosa que asumieron con sus hijos ya estando en casa, sin trabajo profesional fuera del hogar, les ha movido las entrañas decidiendo hacer una pausa en su incursión por la vida laboral, ajustar el presupuesto familiar, quedarse en casa y conocer a sus hijos y criarlos sin más abandonos. Luego, si se aplican, tal vez buscando encuentren—con sus experticias—la manera de generar trabajo desde casa sin descuidar lo más valioso que es la formación de los hijos en las etapas tempranas de su desarrollo… ganar dinero, no es la prioridad, la prioridad es cumplir con los derechos que tienen los niños, siendo una obligación de los padres antes que llenarlos de cosas materiales, soslayando la construcción de la “seguridad en sí mismos” que sólo una madre puede formar—durante la etapa temprana—en un hijo que no pidió nacer… Felicidades a quienes por ser despedidas de sus trabajos, encontraron su vocación de madres… Felicidades también a quienes han decidido no traer hijos a este mundo para soltarlos a otros. A todas ellas, les digo: ¡NO SE RINDAN! Las satisfacciones serán incontables, si las cosas se hacen bien, os lo prometo.

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